Sobre Sentirse Rota y el Permiso para Ser Cuidada
- Lucía Hernández

- 31 ago
- 2 Min. de lectura
Entendé el contexto en este artículo: https://www.luzdivergente.com/post/presentando-tras-bambalinas-un-viaje-para-dialogar-con-mis-sombras
La Reflexión Original (El Barro)
Me siento rota, en proceso de reparación. Y, como para reparar hay que desarmar, así estoy, desarmada. Se me cierra desde el estómago hasta la garganta, pero el corazón sigue latiendo por inercia propia. Los pensamientos ya se convirtieron en religión y hoy solo siento un vacío que llena mi corazón. Y así, con poco y nada de amor, con este miedo de no ser suficientemente buena o sana, me mantengo alejada. Ese puntazo, que de a ratos me atraviesa, me quita el aliento. Soy todo eso que desprecio cuando no logro ver todo lo que realmente soy. Soy frágil y siento mucho. Quiero que me cuiden como si fuera aún un bebé. Quiero aprender a dejarme cuidar y permitirme ser aquella niña frágil que no lloró ni sintió que la abrazaron lo suficiente.

La Sobre-Reflexión de Hoy (La Luz)
Leo a esta Lucía y reconozco esa sensación de estar "desarmada", como un rompecabezas cuyas piezas ya no encajan. Es el estado que sigue a una gran crisis, a un burnout o a un colapso emocional.
Hoy puedo traducir ese sentimiento. "Sentirse rota" es, muchas veces, la descripción perfecta del agotamiento post-meltdown o shutdown. Es el momento en que el sistema nervioso, después de haber estado en alerta máxima, finalmente se apaga para poder repararse. Ese "vacío" que describe no es falta de amor, es el silencio de un sistema que necesita reiniciarse.
Y en ese estado de vulnerabilidad extrema, surge el anhelo más puro y fundamental de todos: "Quiero que me cuiden como si fuera aún un bebé". Durante mucho tiempo, sentí una profunda vergüenza por este deseo. Creía que era una regresión, un signo de debilidad.
Hoy entiendo que es la herramienta de supervivencia más sabia que tiene nuestro cuerpo. Cuando estamos desreguladas, nuestra biología nos pide co-regulación: la seguridad de un abrazo, la calma de una presencia que no juzga, el permiso para ser absolutamente frágiles. No es un capricho infantil, es una necesidad neurológica.
A esa Lucía que se sentía frágil y avergonzada por necesitar cuidado, hoy le digo:
"Tu deseo no es una carga, es tu brújula interna mostrándote exactamente lo que necesitas para sanar. Pedir que te cuiden, aprender a recibir y permitirte ser esa niña que necesita un abrazo no es un retroceso, es el acto de autocompasión más valiente de todos. No estás rota, te estás conociendo."
Invitación a la Conversación:
¿Alguna vez sentiste esa necesidad profunda de "dejarte cuidar"? ¿Qué te ayuda a darte permiso para ser vulnerable? Te leo en los comentarios.
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